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Velocidad de la marcha y riesgo de demencia: una señal de alerta temprana

¿Puede la velocidad de la marcha alertar tempranamente sobre el riesgo de demencia? Evidencia sobre caminar, equilibrio, levantarse de una silla y cambios cerebrales.

Una marcha más lenta, un equilibrio más inestable o una mayor dificultad para levantarse de una silla pueden indicar algo más que el envejecimiento de las piernas. En adultos mayores sin demencia, estas medidas sencillas —especialmente la velocidad habitual de la marcha— se asocian con un mayor riesgo de deterioro cognitivo o demencia posteriores. Pueden ayudar a identificar a las personas que merecen una evaluación más detallada de la cognición, la salud vascular, los medicamentos, el estado de ánimo y la función general. No pueden diagnosticar demencia, predecir con certeza el futuro de una persona ni demostrar que el entrenamiento de la marcha prevenga la enfermedad.

Esa distinción importa. Un cronómetro y un pasillo son baratos; una afirmación sobre la prevención de la demencia sale cara. La evidencia respalda lo primero. Aún no respalda lo segundo.

Por qué la velocidad de la marcha atrae atención

Caminar es una tarea exigente para el cerebro y el cuerpo. Requiere fuerza, equilibrio, información sensorial, planificación, atención y la capacidad de adaptarse a los obstáculos. Cuando cualquiera de esos sistemas empieza a fallar, la marcha puede enlentecerse antes de que una persona reciba un diagnóstico de demencia.

En un análisis de 2024 del U.S. Health and Retirement Study y el English Longitudinal Study of Ageing, una marcha más lenta, un peor equilibrio en semitándem y un peor rendimiento al levantarse de una silla predijeron la aparición de demencia durante un período de hasta 15 años. El estudio examinó varias pruebas prácticas de las extremidades inferiores en dos grandes cohortes comunitarias y ajustó por covariables estándar. La velocidad de la marcha surgió como la señal más consistente en esta base de evidencia, mientras que las pruebas de equilibrio y de levantarse de una silla aportaron información útil sobre la función de las extremidades inferiores.

El resultado no convierte una marcha lenta en un diagnóstico. La artritis, el dolor, la neuropatía, las enfermedades cardíacas y pulmonares, los efectos de los medicamentos, la depresión, la inactividad y la fragilidad pueden enlentecer la marcha. Algunas de esas afecciones también pueden afectar la cognición, lo que las convierte en posibles factores de confusión y no en meras notas al pie.

La relación puede ir en ambas direcciones

La explicación más simple diría que una marcha más lenta causa deterioro cognitivo. Un estudio longitudinal más reciente cuestiona esa disposición tan ordenada. En adultos de 65 años o más, sin demencia y residentes en la comunidad, el estudio de cohorte de cuatro olas de Su y colaboradores de 2025 utilizó modelos de retardos cruzados para evaluar si la marcha predecía la cognición posterior y si la cognición predecía la velocidad de la marcha posterior.

Aparecieron ambas vías. Una marcha más lenta predijo una peor cognición global posterior, mientras que una peor cognición global predijo una marcha más lenta posterior. La asociación de la cognición con la marcha fue mayor. Las conexiones cognitivas más claras involucraron la memoria, la fluidez verbal y la función ejecutiva, en lugar de todos los dominios por igual.

Este hallazgo cambia la interpretación práctica. Una marcha que se enlentece puede ser una señal temprana de cambios cerebrales, pero también puede ser una consecuencia de un deterioro cognitivo ya en curso. En cualquier caso, un deterioro significativo de la movilidad merece atención; no establece qué sistema orgánico inició el problema.

Un estudio longitudinal de las trayectorias de la marcha y la cognición llegó a una conclusión compatible: la marcha y la cognición pueden deteriorarse juntas con el tiempo, con diferencias entre los dominios cognitivos. Esto es más útil que una idea binaria de «marcha normal» frente a «marcha con demencia». El cambio con el tiempo puede aportar más información que un único recorrido por el suelo de una clínica.

Cuando la marcha lenta se acompaña de preocupaciones cognitivas

El síndrome de riesgo cognitivo motor, o MCR, combina quejas cognitivas subjetivas con una marcha lenta en personas sin demencia. Es un fenotipo de riesgo, no un diagnóstico. Una revisión sistemática y metaanálisis de 2024 halló que el MCR predijo deterioro cognitivo y demencia posteriores en los estudios incluidos.

La señal combinada tiene sentido clínico: una persona que informa que su memoria empeora y camina más despacio puede requerir más seguimiento que alguien con solo una de esas características. Pero el MCR aún no establece la causa. Las quejas cognitivas pueden deberse a depresión, mal sueño, efectos de los medicamentos o enfermedad médica, y la marcha lenta tiene su propia larga lista de explicaciones no neurológicas.

Posibles vías cerebrales, sin dar el salto causal

Varios estudios ofrecen explicaciones biológicamente plausibles de por qué la movilidad y la cognición avanzan juntas. En adultos mayores sin demencia, Vazquez y colaboradores encontraron que las hiperintensidades de la sustancia blanca se asociaban con una menor velocidad de la marcha. Estos cambios en la resonancia magnética suelen reflejar lesión de pequeños vasos y podrían afectar las redes neuronales necesarias tanto para el control motor como para la cognición.

En personas con enfermedad cerebral de pequeños vasos, el estudio de Hosoya y colaboradores de 2025 informó que una marcha lenta predijo la aparición de demencia, la mortalidad y el resultado funcional a largo plazo. Se trataba de una población vascular de mayor riesgo, por lo que sus hallazgos no se trasladan automáticamente a adultos mayores más sanos. Aun así, respalda la idea de que la marcha puede reflejar una vulnerabilidad cerebral subyacente y no un simple desacondicionamiento.

Los investigadores también han evaluado la marcha bajo carga cognitiva. En personas con deterioro cognitivo leve, Ali y colaboradores vincularon el rendimiento de la marcha con doble tarea con la aparición de demencia; un menor volumen de materia gris cingulada medió parte de esa asociación. La marcha con doble tarea y la velocidad habitual de la marcha no son pruebas intercambiables. El estudio tampoco puede demostrar que los cambios cingulados causen demencia a través de cambios en la marcha. Identifica una señal motora y cerebral relacionada en una población que ya presenta un riesgo elevado.

Por qué una mejor movilidad aún no se ha convertido en prevención de la demencia

Los estudios observacionales pueden identificar un marcador sin identificar una diana terapéutica. Esta es la principal cautela en la relación entre movilidad y demencia.

Los programas multidominio aleatorizados han mejorado algunos resultados cognitivos y físicos a corto plazo en adultos mayores con deterioro físico-cognitivo o fragilidad cognitiva. Un ensayo aleatorizado por conglomerados de 2021 evaluó una intervención multidominio para el síndrome de deterioro físico-cognitivo, mientras que un ensayo aleatorizado multicéntrico de 2024 evaluó entrenamiento motor-cognitivo de realidad virtual en adultos de 60 años o más con fragilidad cognitiva. Este último examinó la cognición global, la fragilidad física, la velocidad de la marcha, la memoria visual a corto plazo, la inhibición y la función ejecutiva.

Esos ensayos abordan medidas funcionales y cognitivas a corto plazo, no la incidencia de demencia como criterio de valoración principal. Un ensayo nacional aleatorizado por conglomerados de 2025 también encontró efectos de la intervención a corto plazo dependientes del contexto en adultos mayores. Ninguno de estos estudios demuestra que mejorar la velocidad de la marcha, el equilibrio o el rendimiento al levantarse de una silla prevenga la demencia.

El ejercicio sigue teniendo razones sólidas para existir: la fuerza, la prevención de caídas, la salud cardiovascular, la independencia y la calidad de vida son motivos suficientes. La prevención de la demencia necesita su propia evidencia, medida mediante resultados de demencia durante un seguimiento suficiente.

Qué hacer ante una marcha que se enlentece

Utiliza la movilidad como vigilancia, no como profecía. Un deterioro perceptible de la velocidad habitual al caminar, el equilibrio o la capacidad de levantarse repetidamente de una silla debe impulsar una revisión práctica, especialmente cuando la memoria, la planificación, la atención o la función cotidiana también parecen estar decayendo.

Las pruebas de movilidad pueden señalar una trayectoria de mayor riesgo. No pueden decirte si ocurrirá demencia, cuándo ocurrirá ni si cambiar el resultado de la prueba modifica ese riesgo.

La evidencia es más sólida para la velocidad de la marcha como marcador práctico y más débil para cualquier afirmación causal. La movilidad y la cognición suelen deteriorarse juntas, a veces con la cognición aparentemente impulsando con más fuerza el enlentecimiento posterior de la marcha. Eso hace que una marcha más lenta merezca investigación, no que se descarte como envejecimiento normal ni que se trate como una bola de cristal.

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